De regreso al tren, ya con la mochilita a cuestas y aún con mi cara de dormida, fue inevitable fijarme en la grandiosidad de algunos árboles, como nunca lo había hecho todas las veces que pasé por esa zona de la ciudad herculina. Fui consciente de lo explicado que tienen todo, ya sea monumentos (pena que casi todos son señoros lxs dignos de homenaje, y sí un 100% son los hacedores de momumentos) como lo que para mí era y es lo más importante, que son la existencia física y técnica de los ejemplares arbóreos tan destacables. Fue un recorrido de árboles bajo un cielo nubladísimo, y me detuve lenta y fugazmente a la vez, para ir besando los súper troncos, ya sea el ombú que me cautivó de primeras por su inmensidad, al magnolio, el castaño, el ficus, el gingko, el pino, etc. Fue el mejor paseo de despedida de aquel día que hasta hace pocos años recordaba como algo bonito en su totalidad. Ahora tanto tiempo después, los recuerdos lindos son hacia el sol, la luna, la lluvia, el mar, la tierra, el compañero de escapada y los seres que nos esperaban en casa. No más.
Fotos: A.Metztli y Marthazul
*Si quieres participar envía tus fotos besando/abrazando árboles a besosdearbol@gmail.com






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