jueves, 10 de junio de 2010

Besos trenzados

Después del delicioso desayuno, y ante las horas que nos quedaban por patear, aprovechamos para acercarnos al famoso Zócalo del DF. Era demasiado temprano, al menos para mí, pero allá fuimos. Pillamos en acción a los barrenderos, y decidimos entrar en la catedral (ya que nunca llegué a entrar en la de Puebla, y no sería por las veces que pasamos para arriba y para abajo).Fue impresionante percibir en los pasillos de la catedral, o en otros lugares de la Ciudad de México, sus marcados desniveles del suelo, debidos al hundimiento de todo el DF, pues se sabe que se hunde 10 cm cada año aproximadamente (más información sobre ese problema aquí y aquí).
Después entramos en la catedral, donde siempre se mezclan los turistas con los inciensos, el silencio con el murmurar. Pero aquí me sorprendieron un santo y un cristo bien morenitos, los infinitos lazos de peticiones milagrosas a san Judas Tadeo y a todas las virgensitas dando un ambiente muy folclórico y colorido, y un santo no-nato que intercede por las embarazadas y contra las chimosas, de ahí que además de lazos le dejen candados... Aunque me quedo con el aroma del rosario de café para mi madre.
Aquí una breve explicación sobre la catedral del zócalo
Al salir me fijé en este tronco trenzado. Increíble: raíces trenzadas como cabellos... un milagrito ante mis ojos.
Así que, inevitablemente, lo besé. Fue la mañana del miércoles 30 de diciembre de 2009 en el atrio de la catedral Metropolitana de la Ciudad de México (México)
El tronco-trenza me dió la bendisión como despedida de esas tierras, ahora tan lejanas.
Fotos: Marta Rial y Augusto Martínez

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