miércoles, 1 de abril de 2015

Besando la historia de una gota

  Sin saber muy bien qué iba a pasar, y sobre todo, si yo aguantaría ese escenario, comenzamos a dulcificar las paredes de la salita de juegos en la zona de hospitalización de pediatría del CHUS. Todo por conexión de Adriana, de Aula de ideas, en colaboración con la necesaria y esperanzadora Fundación Andrea. Era casi fin de curso, teníamos un mes para transformar el espacio, y un día a la semana para poder ir hasta allí. Sí, lo conseguimos, pero no solo pintar las 4 grandes paredes de la sala, si no superar algunos de mis pánicos médicos, conocer a personitas inolvidables (Sara, Nora, Martín, Itziar...), hacerme un poco más fuerte, y darme cuenta de que estar con pinceles dentro de un hospital es más que curativo y preferible a desesperarte en cualquier sala gris.
   Por eso, el último día de trabajo no quise irme sin besar ese árbol que había pintado, que fue el primero, pero no el último, donde quedó anidada para siempre la esperanza de una pequeña que sin saber aún hablar mucho, le dio más vidilla a nuestras pinceladas. Besé, y pinté, este árbol con nido, flores y estrellas, en el Hospital Clínico de Santiago de Compostela en junio de 2012 sin haber pasado por supervisión de ninguna gerencia.
 Fotos: Augusto Metztli



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