miércoles, 10 de marzo de 2010

Besos para siempre

El último besodeárbol del día fue en un lugar que no me esperaba. El tío Memo nos llevaba a comer a su casa en Cholula, ya era tarde, pero nos detuvimos en San Andrés, en un lugar donde estaban festejando el gran día de la Guadalupe, donde hasta la tenían como estatua de una mini-rotonda.
Allí la tía Vicky nos invitó a un pan con queso delicioso que me repuso de una fuerte hipoglucemia. Tomé una mini-probadita del cacao espumoso (del que tantas veces me había hablado Augusto) pero no lo tomé como se debe en aquel cuenco, porque aún estaba medio mareada y además no quería mancharme.
Pensé que me iban a enseñar una iglesia más, pero no. Primero, porque todo su interior está forrado de oro, y porque me sorprendió mucho ver la iconografía católica con rasgos indígenas y sobre todo llena de colores, yo que estoy acostumbrada a las iglesias de pura piedra gris y muy oscuras.
Pero además ahí, en Santa María de Tonantzintla, se casaron mis suegros. Las promesas de ese matrimonio no se cumplieron ... pero fue muy especial estar ahí con Augusto y su familia paterna, y posar juntos 30 años después.
Besé este árbol (el más accesible y al que casi no alcanzo- véase la inclinación de mi cuerpo-) en el jardín de la iglesia de Santa María de Tonantzintla (Cholula-Puebla; México; 12 de diciembre de 2009).
Fue especial en muchos sentidos: el color, el tiempo, los ciclos que se repiten entre generaciones, los sabores, la familia, la virgensita, las niñas vestidas de Lupitas vendiendo conejos en sus cestitos... y las promesas de Mayam.
Fotos: Marta Rial y Augusto Martínez

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